Yo, Daniel Blake, Ken Loach

Sirimiri y Ken Loach

12/03/2021

En la película Yo, Daniel Blake, dirigida por el cineasta inglés Ken Loach, se esconde una de las escenas más conmovedoras y violentas de lo que llevamos de cine durante este siglo veintiuno.


La peli cuenta la historia de un carpintero de cincuenta y tantos con problemas de corazón, que ni puede trabajar, ni consigue tampoco el subsidio de desempleo ya que se enfrenta siempre a una burocracia que le pone trabas de todo tipo y zancadillas incomprensibles.


Daniel Blake, en una de las oficinas en las que se pelea por sus derechos, conoce a Katie, una mujer que tiene dos hijos, desempleada, superviviente solitaria de una relación de maltrato, y que apenas cuenta con posibles para pagar sus gastos, piso, luz, etcétera.

En un momento de desesperación y de búsqueda de soluciones, Blake le acompaña a un Banco de Alimentos. Por primera vez les vemos a todos juntos: a Daniel, a Katie, a Dylan, el niño pequeño, y a Daisy, su hermana mayor.


Katie lleva muerta de hambre varios días, pero no lo sabe nadie. Nosotros, los que vemos la película, sí que lo sabemos. Somos los únicos que lo sabemos.

No lo sabe Daniel Blake, no lo saben sus hijos, aunque Daisy puede que sí, porque en una escena anterior la hemos escuchado decir que su madre come poco.  Tampoco lo sabe la persona encargada de llevarle por las distintas estanterías de la nave industrial donde se ordenan los bienes de primera necesidad y de segundas y terceras necesidades que los seres humanos están obligados a tener, por pura lógica y sentido de justicia.

En un momento dado, vemos a Daniel, Katie, Dylan y Daisy- los niños. Se trata de un plano de tiro bajo y los cuatro, a lo alto de una pequeña cuesta, no como una familia, pero sí como un grupo humano que colabora todo lo que puede entre sí, caminan hacia el eje de la cámara como los de Grupo Salvaje, de Sam Peckinpah, pero esta vez no para morir matando, y sí para sobrevivir como se pueda.

Hay un corte de plano y la franqueza de esa imagen, la fuerza ilusionante de verles caminar hacia no sabemos todavía qué lugar, se estrella contra el plano del otro lado de la calle, el lugar hacia dónde avanzan: una cola inmensa de personas a las puertas de una Banco de Alimentos.


Una vez dentro, Katie es ayudada por una voluntaria a llenar un par de bolsas con diferentes productos. La escena es de una normalidad apabullante. Es una secuencia informativa. Nuestro interés no despierta mucho con esta escena. Es una escena de uff-por-fin. Descansamos. Pero, vemos algo raro en Katie. Y eso nos hace desear que estos planos pasen cuanto antes.  La voluntaria coge cosas para Katie y le pregunta qué necesita. En el fondo es una escena que no nos gusta ver, porque descubre algo de nuestra sociedad que no queremos ver, algo que no queremos que nos enseñen.


Ken Loach, el director, no se queda solo en eso. Ahonda un poco más. Mete el dedo en la llaga de lo que no queremos ver para que lo veamos en su plenitud. Y es ahí, en un rincón donde acabamos de ver cómo parece esconderse Katie de la vista de los otros, donde nuestra mirada se corta con cuchilla y la garganta se nos seca.


Katie acaba de coger una lata de tomate. Katie no puede más. Katie despega el abrefácil de hojalata del bote y mete los dedos. Katie se lleva luego los dedos a la boca como si fuera un animal hambriento y lo hace medio escondida, pero la voluntaria acaba por verla. Se la lleva a un aparte. Katie parece que va a vomitar, se avergüenza, pide perdón. Le dicen que no se preocupe. La escena pasa. Nuestra conciencia despierta.


Una sociedad como la nuestra en la que nos narcortizaron para no mover ni una pestaña cuando un tipo descerraja ensaladas de tiros a todo aquel que sale o entra de un edificio en una peli de acción, se asusta cuando en la pantalla aparece alguien con hambre, alguien que puede ser una de nosotras. Es la fuerza de toda la peli de Ken Loach de la que hablamos. Es la honestidad visual y ética de esta escena que acabamos de comentar.


En Sirimiri no hacemos pelis como esta de Ken Loach, pero sí que apoyamos iniciativas y realidades necesarias como la de un Banco de Alimentos y de alguna manera ayudamos a que la realidad sea más justa y benefactora.

Cada dos años se realiza una encuesta de personas a los miembros del equipo de esta entidad. Este año, con una participación del 75%, casi la mitad de las trabajadoras y trabajadores de Sirimiri Servicios Socioculturales han considerado necesario aportar una ayuda considerable al Banco de Alimentos de Araba. Con el ánimo de ayudar a tantas Katies como existen. Es un pequeño gesto, una iniciativa transparente y solidaria, enraizada en el espíritu de esta empresa, que concibe en su hacer y en su ser la coherencia de una responsabilidad social consciente para con el conjunto de la sociedad en la que desarrolla sus servicios.

SIRIMIRI (Servicios Socioculturales) con el Banco de Alimentos de Araba

 

BAAfotoentrega

 

 

 

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