euskara gara

Euskara gara

20/03/2026

KORRIKA ETORRI DA!

Dakizuen bezala, Korrika bi urtean behin ospatzen den euskararen aldeko egitasmo bat da, Euskal Herriko txoko guztiak ibilbide bakar baten bitartez konektatuz.  Sirimiri osatzen dugun guztion txanda Martxoaren 27an izango da, ostirala, 20:41etan, Gasteizko etorbidean, Los Angeles elizaren parean eta Gerardo Armesto plazaraino (aurten motz izango da, 200 metro gutxi gora behera) eta Niño Jesus Ikastetxearekin partekatuko dugu, aurtengo partaideak kilometroak baino gehiago direlako. Gure aldetik lekukoa Nerea Gómez Miguelek  eramango du. Martxa hartzen joateko eta denok elkartzeko, lekukoa hartu baina ordu bat lehenago, 19:30etan hain zuzen ere, Jazz tabernan geratuko gara, gure kilometroaren ondoan, zerbait hartzeko.
Animatu zaitezte!

Euskara Batzordea


¿Por qué corren? ¿Para qué corren? ¿Desde cuándo corren?

¿Por qué comenzaron a correr ayer y salieron desde Atharratze y once días más tarde llegarán hasta Bilbo atravesando gran parte de Euskal Herria?  ¿Por qué no se detienen ni por la noche?, ¿Por qué se pasan un testigo tallado en madera cada vez que agotan un kilómetro? ¿Por qué el lekuko, ese relevo que se entregan unos a otros, korrikalari tras korrikalari, lleva un mensaje secreto dentro que sólo se conoce cuando acaba esta maratón que recorre Euskal Herria? ¿Por qué nuestra Korrika? ¿Para qué nuestra Korrika?

Gu gara gure gero.

Nosotras y nosotros, gu,

somos, gara,

nuestro, gure, después, gero, futuro.

 


En la Korrika, corren a favor de una lengua, el euskera, el euskara, el eskuara, un idioma que lleva entre nosotros miles de años, un idioma que tiene palabras más antiguas que las vasijas romanas o los jeroglíficos egipcios, que posibilita desde un antaño desconocido encuentros fónicos y sorprendentes, significantes antiquísimos entre los seres humanos y la tierra. Son semillas de mundos que no deben desaparecer jamás porque son huellas de nuestra conexión con el pasado invisible.  Semas con detonantes eternos.

Existen hoy en el mundo unas siete mil lenguas. De ellas, según la UNESCO, desaparecerán durante los próximos cien años casi la mitad. Entre ellas existe un idioma que conserva una particularidad esencial. Se llama euskera. Nos conecta con el Neolítico, con los cromlech, con el Indoeuropeo, con un mundo material y espititual que seguimos transformando desde multitud de gargantas.

Un idioma es un vínculo con las montañas, con el viento, con los ríos y con  los bosques, con los gauekos, con Ttartalo y con Mari, con el mar y con el musgo, con la piedra, con el sentido de comunidad, con la vida, con las relaciones humanas, con el amor y con el odio, con la tristeza nombrada y con la fantasía soñada. Un idioma nos facilita esa conexión directa con nuestro entorno. Sin él tendríamos que señalar las cosas con el dedo, como les pasaba a los habitantes de Macondo, el pueblo de Cien años de soledad.

 


El euskera sufrió años de soledad. Cuarenta años de dictadura franquista en la que se prohibió este idioma. Años de supervivencia clandestina que nos llevan hasta un hoy que corre feliz y reivindicativo en la Korrika porque no hay nada mejor para un idioma que mutar en cada voz, que ser hablado por miles y miles de personas.

La Korrika es la única carrera en el mundo que se expresa con todo el cuerpo a favor de la madre de la cultura que es el lenguaje, a favor de un idioma. Es algo sorprendente, se mire desde dónde se mire. Al principio la Korrika fue tachada como una locura, algo fuera de sitio. Al principio fue en Lauro. Al principio fue en el año 1975 en la ikastola Lauro, de Bilbao. Este fue el primer lugar donde se comenzó a visualizar desde un planteamiento un tanto extravagante, al decir de la época, lo que luego sería la Korrika. La idea era desconcertante. Correr durante varias jornadas, noches incluídas, desde una ciudad a otra, desde un pueblo a otro, trazando un mapa longitudinal y concéntrico, que avanzara en el espacio y que se quedara en el territorio, que comunicara poblaciones en las que el euskera era un idioma vivo y era un instrumento de comunicación humana.


 

Quien comunicaba esas poblaciones era la gente, la gente que corría, personas que corrían con el euskera dentro y que trataban así de llevarlo en sus corazones y entregarlo a los demás, casi como si se tratase del regalo de un mundo nuevo y viejo a la vez a gente que no lo conocía. Correr con resuello, respirar a favor de una lengua que se estaba perdiendo. Ese era el reto. Aquella fue la locura maravillosa que continúa hoy. La primera edición arrancó en Oñati, en el año 1980. Desde el pueblo de Lope de Aguirre, el vasco lúcido y loco que desafió a Felipe II en el XVI, arrancó la primera Korrika que terminaría tras un periplo de varios días en Bilbao. Una edición, la primera, que comenzó un 29 de noviembre en Oñati y acabó un siete de diciembre en Bilbao. Y desde ese momento, cada dos años, en el corazón de cada korrikalari, a golpe de entre cien y ciento cincuenta palpitaciones por minuto, lautadak, se oye ese sonido euskérico primigenio que tan bien calcaron Mikel Laboa y Ruper Ordorika en la canción de la Korrika de 2003:

GERO BAT GAURDANIK

Ar, Er, Ir, Or, Ur, Harri, Herri, Irri.

Ar, de piedra. Er, de pueblo. Ir, de ciudad y de sonrisa. Or, de cielo. Ur, de agua.

Harri, Herri, Iri eta Irri, Ortzi eta Ur.

Piedra, Pueblo, Ciudad y Sonrisa, Cielo y Agua.


La Korrika sigue.  Ya son veinticuatro ediciones, y ahora ya no nos preguntamos para qué ni por qué tampoco ni mucho menos desde cuándo corren las personas que participan en esta carrera popular que se inició para defender una lengua, para cuidarla, para que se mantenga vivaz, para poder hablarla mejor, para enriquecerla con las lenguas que viven a su lado y para enriquecer los idiomas de los pueblos que viven cerca, para llenar el euskera de nuevos significantes que abran distintos significados que tengan vínculos con el mundo y con el ser humano, con la justicia y con la libertad, algo que siempre hizo el euskera, gure territorio libre bakarra, como dejó escrito Sarrionandia.

 

Hace muchos años, en una charla que dio Angel Lertxundi en el Ateneo de Madrid, me acerqué tímido a preguntarle sobre el euskera, sobre este idioma pequeño que se resiste a morir en el tiempo del consumo y de la rentabilidad, en una época en la que la buena cultura ha perdido valor en bolsa. Hablamos de literatura y de idiomas y me dijo algo inolvidable. Las lenguas mayoritarias para seguir conservando el mundo y hablar del mundo son como grandes ciudades que no pueden construir barrios nuevos porque apenas tienen sitio. Para construir nuevos barrios y nueva literatura, nuevos lenguajes dentro de un idioma tienen que tirar barrios antiguos. En cambio, las literaturas pequeñas, hechas con idiomas minoritarios, tienen todavía partes de la ciudad, solares no construidos donde poder seguir creando nuevos territorios en los que acampe el idioma.


La Korrika abre nuevos espacios al euskera, poco a poco, desde cada korrikalari, desde cada persona que corre un kilómetro, desde cada ser humano que coge el testigo de una lengua que sigue hablándonos desde los cromlech, desde el Neolítico, desde la única lengua que nos conecta con una lengua universal que se habló en todo Europa y que se llamó indoeuropeo, un resto vivo de un pasado que sigue fortaleciéndose en las piernas de esas personas que llueva o nieve continúan creando ese ritual llamado Korrika cada dos años.

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